El culto de adoración

Rvdo. César R. Maurás Torres –
27 de octubre de 2013 – 

Cada domingo en la mañana, nuestra Iglesia separa cerca de dos horas para adorar a Dios y celebrar las bendiciones que día a día ha derramado sobre nuestras vidas. Durante ese periodo cantamos, oramos y escuchamos la palabra proclamada desde el púlpito. Es tiempo para adorar y para edificar nuestras vidas. Aprovechamos el momento para dejar que nuestro espíritu tenga tiempo de refrigerio en el Señor. Nada ni nadie debe interrumpir esos momentos sacramentales que hemos separado para intimar con Dios.

Dada la importancia y trascendencia de ese tiempo nos debemos esforzar por aprovecharlos al máximo. No permita que su celular sea el instrumento que le interrumpa su comunión con Dios ni se la interrumpa a sus hermanos y hermanas que también vienen a adorar. Tampoco permita que la tentación de “textear” le lleve a alejarse del propósito que le trajo al santuario. Ello le quita la comunión a usted y a las personas que están a su alrededor.

Por otro lado debemos tener claro que la experiencia de adoración es una continua en nuestras vidas, y no se limita al inicio del procesional. De hecho, el Apóstol nos invita a presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es nuestro culto racional. Así que entramos al santuario en actitud reverente, bajamos el volumen de nuestra voz antes de comenzar el culto y callamos mientras el mismo se desarrolla.  Los momentos antes del inicio formal del culto son de grande importancia para la comunión durante el mismo. Aprovéchelos para meditar en la experiencia que espera tener con el Señor. Manifestemos nuestra solidaridad en la experiencia de adoración.  ¡Así nos ayude Dios!

Categoría Columna Pastoral | Tags: | Publicado en Octubre 26, 2013

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