Dios, trascendente e inmanente

Rvdo. César R. Maurás
17 de noviembre de 2013

En la columna de la semana pasada les hablaba un poco del principio de la incertidumbre y el cambio de paradigma a partir de la comprobación de la teoría de la relatividad de Albert Einstein.  Pretendía con ese escrito provocarles a reflexionar sobre nuestro acercamiento a la experiencia de la fe y el capacitarnos para dar testimonio de la misma cuando las circunstancias así lo requieran. Terminaba ese escrito con la invitación que nos hace el apóstol Pablo a no conformarnos, sino a transformarnos por medio de la renovación de nuestro entendimiento, nuestra manera de entender. Planteaba como el amor es el vehículo por excelencia para guiarnos en ese propósito.

Hoy deseo continuar provocando vuestro crecimiento, para que, como nos dice el apóstol Pablo, lleguemos a la estatura de Cristo.  Cuando pensamos en la realidad de Dios nos damos cuenta que no tenemos palabras para explicar su grandeza y magnificencia. La razón para ello es que Dios está mucho más allá de toda comprensión humana, eso es lo que llamamos la trascendencia de Dios.  Dada esa realidad somos incapaces de relacionarnos con Él. Pero en su amor, Dios también es inmanente. Ello significa que se manifiesta en lo más íntimo del ser de cada uno de sus criaturas. Por lo tanto, cada uno de nosotros y nosotras podemos relacionarnos con Dios desde lo más profundo de nuestro ser.

Vivamos la sencillez de la fe, pero a la vez atrevámonos a crecer de forma tal que podamos alimentarnos con vianda. Así nuestra fe se ha de fortalecer de forma tal, que podamos atravesar el valle de sombra de muerte sin temor alguno.  Llegaremos entonces, como Job, en los peores momentos de la vida, a gritar, “de oídas te conocía más ahora mis ojos te ven”.

Leonardo Boff, al hablar del Dios trascendente e inmanente concluye que Dios es transparente.   Dios se manifiesta en y a través de todas sus criaturas.  Dejemos espacio en nuestro para que la manifestación de Dios, a través de su Espíritu Santo, sea una realidad en nuestras vidas.

 

Categoría Columna Pastoral | Tags: | Publicado en noviembre 16, 2013

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