¿Esclavos de quién?

Lcdo. Héctor Iván Santos –
6 de Julio de 2014 –

El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia define el término esclavo con dos vertientes: (1) dicho de una persona, “Que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra”; y (2) “Sometido rigurosa o fuertemente a un deber, pasión, afecto, vicio, etc. que priva de libertad”. Bajo la primera vertiente podemos colocar al esclavo tradicional, ya que carecía de su libertad porque pertenecía a otra persona o amo, al pueblo judío que era esclavo de los egipcios, al ciudadano que vive bajo un régimen totalitario porque vive bajo el dominio de un dictador, etc. En la segunda vertiente podemos colocar a los que viven locamente enamorados de otra persona o los “esclavos del amor, de la pasión” y a los esclavos del vicio, sea el vicio de la gula, de la vagancia, de las drogas, de la mentira, del odio, del pecado, del dinero, del consumerismo, etc. Usualmente los seres humanos nos sometemos consciente o inconscientemente a la segunda vertiente de la esclavitud.

Sin embargo, esta segunda vertiente posee otra dimensión que se entrelaza con la primera vertiente. Es el término cristiano. Ser cristiano es ser seguidor incondicional de Cristo. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese así mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23, Juan 12:26). Cuando nosotros mismos nos llamamos cristianos, proclamamos al mundo, que todo sobre nosotros, incluyendo nuestra identidad personal misma, se cimenta en Jesucristo porque nos hemos negado a nosotros mismos para seguirlo y obedecerlo. “Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21).

Para los primeros cristianos este nombre era mucho más que una mera designación religiosa. Esto hablaba de la transformación total que Dios había producido en sus corazones y daba fe de la realidad que en Él se habían renovado completamente. Ellos habían muerto a su antiguo modo de vida, habiendo nacido nuevamente en la familia de Dios. Cristiano no era simplemente un título sino una forma completamente nueva de pensamiento, una que tenía serias implicaciones por cómo vivían, y finalmente cómo morían.

De aquí podemos entrelazar, como lo hace la Palabra de Dios, el término cristiano con la primera vertiente de la esclavitud, que significa estar bajo el dominio de otra. Y es que la Biblia utiliza una metáfora con más frecuencia para describirnos que cualquiera de las anteriores. Es una descripción verbal vívida que no esperamos pero que es crucial para entender lo que significa seguir a Jesús: es la imagen de un esclavo. Las Escrituras hacen referencia a los creyentes como esclavos de Dios y esclavos de Cristo. Para los primeros creyentes ser cristiano era ser esclavo de Cristo. Algunos comentaristas han propuesto que el término “cristiano”, literalmente significa “esclavo de Cristo“, así como “cesáreo” significa “esclavo de César“.

Nuestra esclavitud en Cristo tiene implicaciones radicales sobre como pensamos y vivimos: como Amo y Señor Cristo no está para servirnos, somos nosotros los que le servimos. Los predicadores de la prosperidad convierten al hombre en amo, como si Cristo fuera una especie de genio en una botella o una especie de ATH, pide que hay fondos ilimitados. Tergiversan la imagen del Señorío de Cristo: lo obligan a garantizar salud, bienes y felicidad a todos aquellos que son “hijos de un Rey”, “Príncipes”. Sin embargo, se nos ha comprado con un precio, pertenecemos a Cristo, somos parte de un pueblo para su posesión propia. El cristianismo verdadero no es sumar a Cristo a nuestras vidas. Esto demanda la muerte propia y seguir al Amo, sin importar el costo.

En otras palabras: ser cristiano es ser esclavos de Cristo. El evangelio no es una simple invitación a ser asociados de Cristo; es un mandato a convertirnos en sus esclavos.

 

 

Categoría Uncategorized | Tags: | Publicado en julio 8, 2014

.

close window