De esclavos a hijos

Lcdo. Héctor Iván Santos –
13 de Julio de 2014 –

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son los hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡ Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:14-17).

En los tiempos del Imperio Romano, los esclavos no elegían a sus amos, sino que los amos elegían a sus esclavos. Con cierta semejanza, la Biblia enseña que Dios ha elegido a sus esclavos por su propia soberanía, su independencia y su preferencia. Como elegidos por Dios, los creyentes fuimos comprados “por su propia sangre” (Hebreos 20:28), predestinados para ser libres de la esclavitud al pecado y conducidos a la familia de Dios (Gálatas 6:10; Efesios 2:19).

Pero a diferencia del mercado romano de esclavos, donde se elegía a los cautivos según sus cualidades (fuerza, salud y apariencia física), Dios eligió a sus esclavos con el conocimiento total de sus debilidades y fallas. “Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que es nada, para anular lo que es, a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse”.     (1 Corintios 1: 27-29)

Es una verdad maravillosa comprender que Dios, en su infinita gracia, nos liberaría del pecado y nos haría sus esclavos. Al liberarnos de la destitución del pecado, Dios no solo nos recibe como sus esclavos, también nos acogió en su casa y nos hizo miembros de su propia familia. El término y la figura de la adopción están llenos de ideas acerca de la compasión, la bondad, la gracia y el amor. Dios ha hecho lo más inesperado al adoptar a todos sus esclavos como hijos propios y nombrarlos sus herederos (Romanos 8:17). En la Roma antigua, el acto de la adopción inmediatamente otorgaba al antiguo esclavo su libertad, ubicándolo de manera permanente en la familia de su amo. Por eso también, como hijos adoptivos de Dios, se nos ha liberado de la esclavitud del pecado. Por lo que podemos descansar seguros al saber que se nos ha dado un lugar permanente en la familia de Dios.

Como sus hijos adoptivos, gozamos del privilegio profundo de una relación intima con nuestro Padre celestial, a quien clamamos con cariño infantil: “¡Abba!” El hecho de que se nos permita dirigirnos al Padre de la misma manera en que lo hizo Jesús, destaca la magnificente realidad de nuestra adopción. Que se nos considere “herederos de Dios y coherederos con Cristo” es una verdad increíble que nos debe llenar de gratitud eterna hacia nuestro Padre. La realidad incomparable de la adopción es ésta: Si Dios es nuestro Amo, también es nuestro Padre.

 

 

Categoría Uncategorized | Tags: | Publicado en Julio 13, 2014

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