¿Cuántos o cómo?

COLUMNA PASTORAL

RVDO. CÉSAR R. MAURÁS TORRES

21 DE AGOSTO DE 2016

Jesús iba camino a Jerusalén, cuando alguien le preguntó: “Señor, ¿son pocos lo que se salvan? Como era típico en el Maestro, no contestó la pregunta de forma directa. Por el contrario, Jesús cambió el foco de atención de la misma. La pregunta apuntaba al número: ¿Cuántos vamos a salvarnos, pocos o muchos? La respuesta de Jesús traslada la atención del “cuántos” al “cómo” nos salvamos.

Una situación similar ocurre en Mateo 24:3-4. Allí, la pregunta de los discípulos es sobre cuándo será el retorno del Hijo del Hombre. Tampoco Jesús contesta la pregunta que le formulan, sino que señala “cómo” prepararse para ese retorno, qué hacer durante la espera. Jesús tenía un empeño claro en el educar, enseñar a su gente, más que estar pendiente a cuestiones numéricas.

El cuánto no era importante en ninguna de las dos ocasiones, esas preguntas apasionan a las gentes, pero no atienden los asuntos de sustancia del Reino. Aquí, en Lucas, Jesús aprovecha la oportunidad para instruir a los discípulos sobre los requisitos de la salvación. Asunto que es de suma importancia para nosotros y nosotras hoy.

El Galileo enseña que para ser salvo o salva, no basta el hecho de pertenecer a determinado pueblo, a determinada raza o tradición, institución, aunque fuera el pueblo elegido del que proviene el Salvador: “Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas… No sé de dónde son ustedes”. En este relato de Lucas, es evidente que los que hablan y reivindican privilegios son los judíos; en el relato de Mateo 7:22-23, el panorama se amplía al contexto de Iglesia; aquí son cristianos los que tienen las mismas pretensiones: “Profetizamos en tu nombre (o sea en el nombre de Jesús), hicimos milagros… pero la respuesta de Señor es la misma: ¡no los conozco, apártense de mí! Por lo tanto, para salvarse no basta ni siquiera el simple hecho de haber conocido a Jesús y pertenecer a la Iglesia; hace falta otra cosa.

Lo que pone en el camino de la salvación es una decisión personal. Esto es más claro todavía en el texto de Mateo que contrapone dos caminos y dos puertas –una estrecha y otra ancha– que conducen respectivamente una a la vida y una a la muerte, uno de la vida y otro de la muerte; la diferencia entre los dos caminos es grande. Al camino de la vida le corresponden el amor a Dios y al prójimo, el bendecir a quien maldice, perdonar a quien te ofende, ser sincero, pobre; en suma, los mandamientos de Dios y las bienaventuranzas de Jesús. Al camino de la muerte le corresponden, por el contrario, la violencia, la hipocresía, la opresión del pobre, la mentira; en otras palabras, lo opuesto, a los mandamientos y a las bienaventuranzas.

Categoría Columna Pastoral | Tags: | Publicado en Agosto 21, 2016

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