Llegarán días

COLUMNA PASTORAL

RVDO. CÉSAR R. MAURÁS TORRES

20 DE NOVIEMBRE DE 2016

Llegarán días, afirma el Señor, en que cumpliré la promesa de bendición que hice al pueblo de Israel…” Jeremías 33:14

Vienen días difíciles; llegan días duros; estas son algunas de las expresiones más utilizadas en este tiempo, que a su vez denotan nuestros temores. Son palabras que ponen de manifiesta nuestra desesperanza, por los momentos de incertidumbre que vivimos.

Esta porción del libro del profeta Jeremías es parte de esa sección que se conoce como el pequeño libro de Consolación. Esto es así porque los capítulos 31-33 tienen como temas principales el ánimo y la esperanza que Dios da en medio de situaciones extremadamente difíciles. El contexto del pasaje es uno muy particular. El pueblo estaba rodeado por el ejército Babilónico. Ya esto había pasado anteriormente y ante esta amenaza el nuevo Faraón de Egipto había enviado su ejército para proteger la ciudad y los babilonios se habían retirado. Pero en este momento, la ciudad está nuevamente en peligro. El pueblo tenía certeza de que Dios enviaría nuevamente un salvador; pero Jeremías, aun a costa de su propia seguridad, se atreve a profetizar que Dios obraría redención, pero de una manera muy diferente a lo que esperaba el pueblo.

“Llegarán días…” en este contexto, no es una expresión de advertencia ni de amenaza. Se refiere, por el contrario, a la seguridad que proviene del continuo obrar de Dios en medio de su pueblo.

Siempre vienen nuevos días… siempre vienen nuevas oportunidades donde Dios ha de demostrar que no se ha olvidado y que continúa actuando de maneras misericordiosas. Más allá de los caminos que parecen calles sin salida, más allá de las situaciones que no parecen tener escapatorias, más allá del exilio, más allá de la lucha, más allá de las situaciones que parecen no tener posibilidades, Dios abre un nuevo camino; esto está íntimamente e inminentemente arraigado a Dios porque es parte de esa naturaleza divina, lo nuevo de Dios.

La promesa de Dios no es simplemente una acción histórica concreta de la que el pueblo ha de llevar cuenta y ha de cotejar si se cumple o no. La promesa de Dios es la certeza de la fidelidad de Dios. Estos textos que están relacionados entre sí, apuntan a que, en lugar de enfocar nuestra mirada en las pérdidas, nuestra mirada debe estar puesta en la fidelidad de Dios, que es a final de cuentas, lo que nos da esperanza.

Pero cuidado, tener esperanza no es simplemente esperar, sino más aun, asumir la esperanza como un estilo de vida. Significa vivir, actuar, cumplir con nuestras responsabilidades, pero siempre en la confianza y expectación de lo que Dios hace, siempre nuevo, en medio de nuestras vidas. No significa vivir en una utopía sino afirmar que el motor que mueve nuestras acciones es la confianza en Dios.

”Días vendrán”, pero no para temer, sino para movernos hacia el futuro confiando en el Dios que no nos ha dejado de su mano.

Categoría Columna Pastoral | Tags: | Publicado en Noviembre 20, 2016

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