ATREVAMONOS A SOÑAR

El 28 de agosto de 1963, en Washington, DC, frente al monumento a Lincoln, se dio la concentración de personas, más grande que ha visto la capital de los Estados Unidos.   Allí el Dr. Martin Luther King Jr.,  proclamó la palabra de Dios de forma tremendamente retadora y esperanzadora.  En la misma presentaba su sueño de una nación donde todos los seres humanos fueran tratados con justicia y respeto.  Una nación donde los negros y los blancos pudieran caminar tomados de la mano en la construcción de un mundo de justicia y paz.

Hoy, en la semana que celebramos el natalicio de ese gran prócer, y nuestro pueblo se debate en medio de una profunda crisis económica, social, política, moral y espiritual, deseo compartir con ustedes algunos extractos de ese glorioso discurso.  Específicamente ese trozo que nos invita a mantener la firmeza en la búsqueda de la justicia, pero sin dejarnos arrastrar por pasiones, amarguras y odios.

Dice así el Pastor Luther King: “Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al hablar, debemos hacer la promesa de marchar siempre hacia adelante. No podemos volver atrás”.

En nuestro esfuerzo por construir el Puerto Rico que todos y todas deseamos no podemos perder de vista que no somos enemigos los unos de los otros, que nos mueve el deseo de adelantar un proyecto en el que todos y todas disfrutemos de las bendiciones de Dios.  Como Iglesia al adelantar los principios del Evangelio lo hacemos con la certeza y deseo de ser fuente de bendición para todas las personas con las que nos topemos.  Con la fuerza que produce el caminar del lado del amor, atrevámonos a soñar con un nuevo Puerto Rico.  Atrevámonos a afirmar que otro Puerto Rico es posible.

1 Columna aparecida en La Voz del 12 de enero de 2001.

Categoría Columna Pastoral | Tags: | Publicado en enero 15, 2017

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