HABACUC, INSPIRACIÓN HOY

COLUMNA PASTORAL
RVDO. CÉSAR R. MAURÁS TORRES
12 DE MARZO DE 2017

El profeta Habacuc vive en un momento muy difícil para su pueblo.   La injusticia y la violencia reinaban en su alrededor.  Él se lamentaba de la situación en la que estaba inmerso.  Llegó a pensar que Dios le había dejado de la mano y que ya no escuchaba su clamor.  “Señor, ¿hasta cuándo gritaré pidiendo ayuda sin que me escuches?  ¿Hasta cuándo clamaré a causa de la violencia sin que vengas a librarnos?  ¿Por qué me haces ver tanta angustia y maldad?  Estoy rodeado de violencia y destrucción; por todas partes hay pleitos y luchas.  No se aplica la ley, se pisotea el derecho, el malo persigue al bueno y se tuerce la justicia”. (Habacuc 1:2-4)

En el primer capítulo de su libro nos presenta sus quejas a Dios y las respuestas de éste a las mismas.  En el segundo se describe el castigo que recibirán todas las personas malvadas.   El tercero es un cántico de esperanza por el socorro del Señor.   El libro que comienza con una expresión de lamento y frustración termina con un salmo de confianza en las bondades del Señor.   Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos.  Aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo yo me alegraré en Jehová, y me alegraré en el Dios de mi salvación.   Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar.  (Habacuc 3:17-19)

La presencia del Señor nos llena de paz y esperanza aún en medio de las situaciones más difíciles de la vida.  Como Habacuc, nosotros y nosotras podemos encontrar la fortaleza que nos permita marchar de cara al viento sin importar lo fuerte de la tempestad.   No es enajenándonos, dando la espalda a los conflictos que obtendremos la victoria.   Es confiando en la fuerza del Espíritu que lograremos nuestros triunfos en la vida.   La esperanza ha de ser elemento esencial al momento de enfrentar las fuerzas contrarias al Reino y los conflictos que éstas generan.

Como Habacuc atrevámonos a ir delante de Dios y presentarle con valentía y determinación la situación que nos rodea, pero no para dejarla frente a Él y seguir andando.   Vamos delante del Señor, llevémosle nuestras ansiedades y preocupaciones en la disposición de, en Su Nombre, hacer frente a las mismas. Con la certeza de que, pase lo que pase, Dios hará nuestros pies fuerte como de cierva y en las alturas nos hará andar.

Categoría Columna Pastoral | Tags: | Publicado en Marzo 13, 2017

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